Descubre La sombra del cardenal

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Un viaje por los lugares de la novela

Bruno y Angiolo, los protagonistas de La sombra del cardenal, emprenden un viaje, que cambiará sus vidas, por algunos de los lugares más cargados de historia del principado de Trento. A lo largo del libro se suceden las descripciones de algunos de los lugares más mágicos, desconocidos o repletos de leyendas de la zona. Pequeños pueblos, castillos, bosques, iglesias..., todos ellos tienen su lugar en las páginas de esta novela. Pero ¿pueden visitarse actualmente estos lugares? ¿Qué queda de todas las historias que se cuentan en el libro? A continuación recorremos algunos de ellos para dar un salto en el tiempo y contemplarlos con los ojos de la actualidad.

 

Trento

Esta ciudad italiana, de unos 115.000 habitantes, se encuentra en la región de Trentino-Alto Adigio, en el profundo valle del Adigio, a los pies de los Alpes. Trento, que es el punto de partida del viaje que realizarán los personajes de la novela, tiene una historia muy dilatada. De orígenes celtas, el lugar fue conquistado por los romanos en el año 15 a. C. y llegó a convertirse en una ciudad importante y rica, con sutuosos palacios. Más adelante, fue destruida por las invasiones de godos y longobardos y no se recuperó hasta los siglos VIII-IX, pero su máxima fama la obtuvo más tarde, con la celebración del Concilio de Trento (1545-1563). En los siglos posteriores la ciudad experimentó una fuerte caida política y económica y fue ocupada en 1796 por Napoleón, que la anexionó al reino de Italia. En 1815, en el Congreso de Viena se incorporó la ciudad al control del Imperio Austrohúngaro y a partir de 1870 surgieron movimientos políticos para defender la ciudad de la germanización, que fue liberada en 1918, por el ejército italiano, al final de la Primera Guerra Mundial. Durante la Segunda Guerra Mundial, la ciudad se anexionó al régimen del Tercer Reich, hasta 1945. A partir de la década de los 50, tanto la ciudad como toda la región empezaron a crecer económciamente y a prosperar.

La ciudad conserva todavía numerosos vestigios de su historia, y una buena prueba de ello es en Castillo del Buonconsiglio (Buenconsejo), que fue la residencia de los príncipes-obispos que habitaron en la ciudad y que aparece también en la novela. El núcleo originario, Castelvecchio, data del siglo XIII, con una imponente torre cilíndrica, y en el siglo XVI se hizo una ampliación por encargo de Bernardo Clesio que dio lugar al Magno Palazzo. En el extremo sur del complejo se encuentra la Torre Aquila, que conserva el famoso «ciclo de los meses», uno de los ciclos pictóricos más fascinantes de tema profano del final de la Edad Media. Actualmente el lugar está acondicionado como museo y cuenta con material arqueológico, artístico (pinturas, monedas, estatuas, códices, objetos sagrados...) y etnológico.


Trento

Castillo del Buonconsiglio | © Fototeca ENIT / Vito Arcomano.

 

Toblino

Este castillo, situado en un entorno inigualable, se alza sobre una pequeña península que se adentra al lago Toblino. Su rara situación se debía a razones de estrategia defensiva. Desde el año 1100 el castillo fue propiedad de vasallos del príncipe-obispo de Trento y su aspecto actual se debe a la reconstrucción llevada a cabo por Bernardo Clesio en el siglo XVI. El castillo tiene una esctructura cuadrada medieval sobre la que destaca una gran y emblemática torre cilíndrica. Hoy en día, el lugar es propiedad privada y se ha reconvertido en hotel y restaurante.


Toblino

Castillo de Toblino | © Fototeca Trentino Sviluppo S.p.A. / Pio Geminiani.

 

Stenico

El castillo de Stenico se encuentra en una zona estrtégica, desde donde se puede controlar el territorio al oeste de Trento, y fue un lugar muy importante en el pasado. La propiedad de la finca fue aprobada en el siglo XIII por el príncipe-obispo de Trento, que controló el territorio a través del capitán de la Giudicarie. El castillo fue objeto de constantes cambios que hicieron que tomara la apariencia de fortaleza austera y elegante. Con la secularización del príncipe-obispo, el castillo fue utilizado por el Gobierno de Austria como sede de la Oficina Imperial. Durante el gobierno austríaco del Trentino, en el siglo XIX Stenico fue parcialmente cubierto con bloques de cemento. Después de que se transfiriera la propiedad al estado italiano se usó como Juzgado de Paz, y luego como sede de los Carabinieri. En 1973 comenzaron los trabajos de restauración y luego lo abrió al público. Actualmente la fortaleza puede visitarse y en los meses de verano se programan espectáculos y sesiones musicales.


Stenico

Castillo de Stenico | © Fototeca ENIT / Gino Cianci.

 

Pinzolo

Pinzolo es una pequeña ciudad de Val Rendena, al norte de los Aples, conocida actualmente por ser un lugar de esquí durante los meses de invierno, pero además en Pinzolo se encuentra la iglesia de San Vigilio, conocida por el fresco con «pinturas de la Danza Macabra» que se encuentra en el exterior. Estas sobrecogedoras pinturas fueron hechas por Simone de Baschenis en 1539 y tienen un gran valor. Las pinturas asumen el carácter de una alegoría de la muerte universal, que es el destino inexorable, del que ningún ser humano puede escapar.


Pinzolo

Pinturas de la Danza Macabra | © Fototeca Trentino Sviluppo S.p.A. / Pio Geminiani.

 

Pèrgine

Esta ciudad se encuentra situada en la zona de Valsugana, al sur de Trento. Entre otros vestigios de su pasado destaca el castillo de Pèrgine, que se alza en la colina de Tegazzo. El castillo es de origen medieval, un ejemplo típico de arquitectura medieval gótica, y cuenta con una ubicación estratégica. Se sabe que el lugar perteneció a los señores de Pèrgine y después pasó a manos de los duques de Àustria. En 1531 pasó a ser propiedad del príncipe-obispo de Trento, Bernardo Clesio. El castillo está rodeado por una pared exterior y tiene el acceso en una torre de planta cuadrada.


Pèrgine

Castillo de Pèrgine | © Fototeca ENIT / Gino Cianci.

 

Arco

Esta fortaleza se encuentra sobre una gran roca que domina la ciudad, donde en la actualidad mucha gente practica escalada. No se sabe con certeza su fecha de construcción, pero se piensa que pudieron erigirlo los mismos ciudadanos de la localidad de Arco. Si se quiere visitar, el acceso hay que hacerlo a pie. En diversas restauraciones se han ido descubriendo frescos que representan a caballeros y demás personas de la corte de la época medieval.


Arco

Castillo de Arco | © Fototeca ENIT / Gino Cianci.

 

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